viernes, 23 de septiembre de 2016

EL VALOR DE LA CRUZ

Cuando tenemos problemas
o nos aprieta un dolor,
pronunciamos las palabras:
¡vaya cruz que tengo yo!

Y compungidos decimos:
¡nos hemos de resignar!
no nos queda más remedio
que sufrir mucho y callar.

Esta resignación
nunca es aceptación,
y tenemos mucha envidia
del que no tiene dolor.

Las quejas y los suspiros
aumentan el sufrimiento,
y hacen que nuestra cruz
tenga un peso más intenso.

Si hemos nacido todos
para la felicidad,
es comprensible que huyamos
del mal y la enfermedad.

Pero el dolor y la cruz
no se pueden evitar,
y sólo con nuestra fe
la podemos transformar.

Cuando cogemos la cruz
con total conformidad,
se vuelve ella ligera
y muy fácil de llevar.

Es la cruz el gran talento
y el único capaz,
de transformar la soberbia
en comprensión y humildad.

La cruz nos vuelve sensibles
al dolor de los demás,
y corta nuestras alas
de suficiencia y maldad.

La cruz es el instrumento
que salva a la humanidad;
si no la rechazamos
nos redime y nos da paz.